he hecho las maletas, por la cosa de vacaciones y eso
ahora estoy aqui
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sábado, 19 de junio de 2010
martes, 20 de abril de 2010
hay veces, que merece la pena esperar
Aquel día fue diferente.
Él la esperaba sentado en el banco. Sí, ese banco, donde siempre habían quedado antes de irse a tomar un helado. Uno de chocolate y otro de caramelo. Siempre acababan mezclados. Cómo sus besos. El banco donde habían discutido, besado, reído, compartido. El banco más desgastado del parque, con miles de hojas que no apartaban a la hora de sentarse.
19:32
Se había pasado dos minutos de la hora. Normal, ella siempre llegaba tarde. La conocía demasiado bien para afirmar que llegaría diez minutos tarde.
Jugueteaba con su móvil, lanzándolo hacia arriba y cogiéndolo del aire. En ese momento pensó que era una especie de imagen de su corazón durante la última semana.
¿Para qué exactamente habían quedado allí? Volvió a releer su mensaje de hacía exactamente siete días.
"Necesito hablar contigo. Urgente. Allí, donde siempre a la hora de siempre"
Fue realista y pensó que obviamente algo estaba pasando.
19:35
Estupendo. Anochecía. Y anochecía esperando. Ella no llegaba.
Decidió respirar hondo y pensar en positivo (cosa que nunca hacía). Vendrá, vendrá. Es ella la que le había citado a él.
19:37
Para hacer más amena la espera decidió buscar las imágenes. Sus imágenes. Disfrutar de ellas, de ella en ellas. Disfrutar de los minutos que quizá le quedaban para pensar que seguía con ella pasase lo que pasase.
19:39
Poco queda para que llegasen a ser los diez minutos que siempre se quedaba a esperarla. Desde que se conocían. Esos diez minutos que dedicaba para repeinarse, para comprarle algo. Esos diez minutos que disfrutaba del olor del parque, que de alguna manera se fundía con el de ella.
19:41
Casi llegan los minutos a menos cuarto. Esperar, esperar. Debía esperar.
19:44
Ella no llegaba. Por más que miraba para buscarla en aquel parque de otoño no la encontraba. Miraba a todos lados, a ver si aparecía. De alguna manera u otra debía ir. Debía aparecer.
Entonces, le vino a la cabeza la primera vez que quedaron allí para celebrar el cumpleaños de ella. Fue la primera vez que se retrasó más de diez, quince minutos. Resultó ser que ella se estaba terminando una novela y por ello no apareció. Fue la excusa más dulce que le pudieron decir para llegar tarde a una cita. Tras dicha excusa lo primero que se le ocurrió hacer fue abrazarse mientras ella se reía a la vez que él le decía un suave "Feliz Cumpleaños".
Entonces, a las 19:51 notó una mano en el hombro. El esmalte rojo oscuro desgastado de las uñas hizo que él se diera la vuelta. Ella. Sin pintar, desarreglada. El pelo recojido en una cola, baja y casi suelta. Sin los pendientes que él le regaló hacía dos meses por celebrar sus trece meses juntos. Sin su colgante de nota musical. Sin su rejoj. Con los cordones de los zapatos desabrochados y mojados. Durante dos minutos él se quedó observándola sin cansarse y, antes de que hicieran tres minutos que él estaba sentado con la mano de ella en el hombro, se levantó del banco y fue hacia ella. Se unieron en un abrazo durante un tiempo. No sé con certeza cuanto.
Después de que él se bañara en sus lágrimas sin saber muy bien lo que pasaba, logró articular como pudo, con voz ahogada:
- Estás preciosa.
Él la esperaba sentado en el banco. Sí, ese banco, donde siempre habían quedado antes de irse a tomar un helado. Uno de chocolate y otro de caramelo. Siempre acababan mezclados. Cómo sus besos. El banco donde habían discutido, besado, reído, compartido. El banco más desgastado del parque, con miles de hojas que no apartaban a la hora de sentarse.
19:32
Se había pasado dos minutos de la hora. Normal, ella siempre llegaba tarde. La conocía demasiado bien para afirmar que llegaría diez minutos tarde.
Jugueteaba con su móvil, lanzándolo hacia arriba y cogiéndolo del aire. En ese momento pensó que era una especie de imagen de su corazón durante la última semana.
¿Para qué exactamente habían quedado allí? Volvió a releer su mensaje de hacía exactamente siete días.
"Necesito hablar contigo. Urgente. Allí, donde siempre a la hora de siempre"
Fue realista y pensó que obviamente algo estaba pasando.
19:35
Estupendo. Anochecía. Y anochecía esperando. Ella no llegaba.
Decidió respirar hondo y pensar en positivo (cosa que nunca hacía). Vendrá, vendrá. Es ella la que le había citado a él.
19:37
Para hacer más amena la espera decidió buscar las imágenes. Sus imágenes. Disfrutar de ellas, de ella en ellas. Disfrutar de los minutos que quizá le quedaban para pensar que seguía con ella pasase lo que pasase.
19:39
Poco queda para que llegasen a ser los diez minutos que siempre se quedaba a esperarla. Desde que se conocían. Esos diez minutos que dedicaba para repeinarse, para comprarle algo. Esos diez minutos que disfrutaba del olor del parque, que de alguna manera se fundía con el de ella.
19:41
Casi llegan los minutos a menos cuarto. Esperar, esperar. Debía esperar.
19:44
Ella no llegaba. Por más que miraba para buscarla en aquel parque de otoño no la encontraba. Miraba a todos lados, a ver si aparecía. De alguna manera u otra debía ir. Debía aparecer.
Entonces, le vino a la cabeza la primera vez que quedaron allí para celebrar el cumpleaños de ella. Fue la primera vez que se retrasó más de diez, quince minutos. Resultó ser que ella se estaba terminando una novela y por ello no apareció. Fue la excusa más dulce que le pudieron decir para llegar tarde a una cita. Tras dicha excusa lo primero que se le ocurrió hacer fue abrazarse mientras ella se reía a la vez que él le decía un suave "Feliz Cumpleaños".
Entonces, a las 19:51 notó una mano en el hombro. El esmalte rojo oscuro desgastado de las uñas hizo que él se diera la vuelta. Ella. Sin pintar, desarreglada. El pelo recojido en una cola, baja y casi suelta. Sin los pendientes que él le regaló hacía dos meses por celebrar sus trece meses juntos. Sin su colgante de nota musical. Sin su rejoj. Con los cordones de los zapatos desabrochados y mojados. Durante dos minutos él se quedó observándola sin cansarse y, antes de que hicieran tres minutos que él estaba sentado con la mano de ella en el hombro, se levantó del banco y fue hacia ella. Se unieron en un abrazo durante un tiempo. No sé con certeza cuanto.
Después de que él se bañara en sus lágrimas sin saber muy bien lo que pasaba, logró articular como pudo, con voz ahogada:
- Estás preciosa.
domingo, 21 de marzo de 2010
Importancia nula.
Es de noche. No estás. Tus sentidos van dirijidos a otra persona. Persona a la que verás mañana y pasado y al otro y al otro. ¿Y a mí? Claro que no te importa que no me verás mañana ni durante toda la semana. Eso no tiene importancia, ¿verdad? Total, pueden pasar meses y meses que seguiré en la oscuridad cada vez más pequeña. Perdiendo el tiempo por ti. Contando segundos, minutos, horas, días, semanas que hace que no nos vemos. Sigue sin importarte, ¿no? Un poco de matemáticas para calcular todo eso no hace mal a Claudia, qué va, todo lo contrario, viene bien de vez en cuando practicar. ¿Y si te digo que si no te veo hay cosas que no tienen sentido?
¿Y si te digo que los colores no son los mismos?
Que aunque haya salido el sol por fin, ¿para mí no?
Qué, ¿sigue sin importarte?
Claro, es normal. Te entiendo perfectamente. Yo no te importo nada.
Si tu supieras el grado de importancia que tienes en mi vida...
Quizá entonces empezaría a importarte.Claudia♥
viernes, 12 de marzo de 2010
I miss you.

"Te echo de menos"
Se suele decir esta frase cuando necesitas a ése alguien a tu lado, ¿verdad? Normalmente no es por antojo, si no porque realmente la necesitas para algo importante en tu vida. Y sí, meto en este grupo reírse y todo eso. Yo necesito a varias personas todos los días para reírme. Al igual que necesito a personas para que me riñan y me digan qué es lo que estoy haciendo mal. A personas que consigan hacer que me olvide de toda mi mala suerte. Sí, en realidad pido mucho, necesito a muchas personas.A parte de todas personas, obviamente, te necesito a ti. Báh, estoy cansada de repetirlo y que se quede aquí, publicado en Internet. Te echo de menos, te necesito a mi lado, cada día, cada minuto. Sí, cada unidad de tiempo contable.
Claudia♥
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Tus ojos verdes de ciencia ficción
martes, 9 de marzo de 2010
Un día cualquiera.
- ¡Martes!
- Sí, ¿y?
- Nada, es un Martes cualquiera.
- ¿Cualquiera?
- Bueno, no, miento. Cualquiera sería como los demás Martes, acostumbrada a verle todos estos días. Así que en realidad es como un Lunes. Un día cualquiera de la semana sin ti.
- Sí, ¿y?
- Nada, es un Martes cualquiera.
- ¿Cualquiera?
- Bueno, no, miento. Cualquiera sería como los demás Martes, acostumbrada a verle todos estos días. Así que en realidad es como un Lunes. Un día cualquiera de la semana sin ti.
Claudia♥
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Tus ojos verdes de ciencia ficción
jueves, 4 de marzo de 2010
No es obligatorio leer.
De verdad, ¿no ves que pierdes el tiempo? ella no te responde, no te da señales de vida, no te... ¿Quiere?
No me molestaré en editar la entrada poniéndole colores, ni cursiva, ni negrita, ni más pequeño o más grande, imágenes, cambio de párrafo. Lo pondré todo tal y como lo sienta, escribiré.
Total, por muy bonito que lo ponga o pinte todo no cambiará el mensaje de siempre. Sí, efectivamente, estoy aquí una vez más para volver a dedicarte una entrada aunque nadie la lea, aunque nadie comente, aunque nadie se percate de que en Milessonrisas haya una entrada más. Y si lo hacen, al ver que vuelvo a escribir yo otra vez, ya nadie la lee. Total, saben que es de lo mismo, es para hablar una vez más de ti y, seamos sinceros, a todos les aburre.
Pero como a mí no, vuelvo a escribir una vez más de ti, y nunca me cansaré. No me canso de estar las 24 horas del día con tu nombre, tu risa, tu mirada en mi cabeza, ¿sabes por qué? porque te quiero. Y no son esas típicas palabras que se dicen por cumplir. No, es de verdad. Te quiero. Y te lo repetiré por aquí, por allí todas las veces que haga falta, hasta que sepas que va por ti o que, quién sabe, tú también me quieras a mí.
Me he dado cuenta que te debo mucho, muchísimo.
Me has hecho olvidar aquellos recuerdos que me hacían tanto daño para en su lugar, situar los tuyos.
Sí, otra vez: te quiero.
Claudia♥
No me molestaré en editar la entrada poniéndole colores, ni cursiva, ni negrita, ni más pequeño o más grande, imágenes, cambio de párrafo. Lo pondré todo tal y como lo sienta, escribiré.
Total, por muy bonito que lo ponga o pinte todo no cambiará el mensaje de siempre. Sí, efectivamente, estoy aquí una vez más para volver a dedicarte una entrada aunque nadie la lea, aunque nadie comente, aunque nadie se percate de que en Milessonrisas haya una entrada más. Y si lo hacen, al ver que vuelvo a escribir yo otra vez, ya nadie la lee. Total, saben que es de lo mismo, es para hablar una vez más de ti y, seamos sinceros, a todos les aburre.
Pero como a mí no, vuelvo a escribir una vez más de ti, y nunca me cansaré. No me canso de estar las 24 horas del día con tu nombre, tu risa, tu mirada en mi cabeza, ¿sabes por qué? porque te quiero. Y no son esas típicas palabras que se dicen por cumplir. No, es de verdad. Te quiero. Y te lo repetiré por aquí, por allí todas las veces que haga falta, hasta que sepas que va por ti o que, quién sabe, tú también me quieras a mí.
Me he dado cuenta que te debo mucho, muchísimo.
Me has hecho olvidar aquellos recuerdos que me hacían tanto daño para en su lugar, situar los tuyos.
Sí, otra vez: te quiero.
Claudia♥
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martes, 2 de marzo de 2010
Tútútútú
Sí, hoy también es nuestro día. También lo ha sido. Cuyos protagonistas se reunen en uno sólo; tú. Tu sonrisa, tu mirada, tus ojos... Eres tan grande y quizás no te des cuenta de lo grande que eres. Sonará repetitivo pero, te quiero. Y no me importaría decirlo mil y una veces, siempre sonará diferente; te quiero te quiero te quiero te quiero te quiero te quiero...
y mil veces más te quiero.
Claudia♥
Claudia♥
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jueves, 25 de febrero de 2010
131623
Llueve y, una vez más, pienso en ti.
En los días que ahora son números que quedan marcados con tinta de la más fuerte en mí, la inborrable.
En tu sonrisa, tus ojos, tu voz.
Te he perdido, sí. Definitivamente te estoy perdiendo.
Cada día que pasa, va aumentando mi felicidad, con cosas como el simple hecho de un hola tuyo.
Y, a la vez, van disminuyendo las posibilidades de tenerte. De mantenerte, retenerte en mí.
En los días que ahora son números que quedan marcados con tinta de la más fuerte en mí, la inborrable.
En tu sonrisa, tus ojos, tu voz.
Te he perdido, sí. Definitivamente te estoy perdiendo.
Cada día que pasa, va aumentando mi felicidad, con cosas como el simple hecho de un hola tuyo.
Y, a la vez, van disminuyendo las posibilidades de tenerte. De mantenerte, retenerte en mí.
Eres tan especial y a la vez inalcanzable...
Quizá es por eso por lo que haces, sin quererlo, que cada vez incontroládamente, te quiera más.
Claudia♥
Claudia♥
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sábado, 20 de febrero de 2010
Esmalte rojo.
Mientras el esmalte de uñas rojo se seca pienso en todo lo que podría haber conseguido si no hubiese sido tan cobarde, tan pequeña, tan tonta. Sentimientos como la timidez que hace que no te muevas, que no le hables, que te quedes sin respiración e incluso quieras morirte en ese mismo momento, que la tierra te tragase y que no volvieses a la superficie.
Timidez, cobardía. ¿Pero por qué no me dejaron tranquila en una, yo sólo pedía una tarde para dejarlo todo de lado y poder enfrentarme a ti? ¿Por qué? Por más que intentaba luchar contra estos sentimientos, no lo conseguía. Seguía haciendome pequeña y ridícula, y lo peor de todo es que delante de ti. ¿Tú te dabas cuenta de todo esto? Porque si realmente lo sabías, me da vergüenza pensar en todo lo que has visto después de un año. ¿Hace un año ya? Qué va, hace más. Hace más de aquel "si yo vengo ahora a esta clase él tiene que estar, sí, sí..." Y ahí estabas tú. Cuando empezó toda esta estupidez por una estúpida estúpida, que en este caso soy yo. Soy estúpida, tonta, ridícula, cobarde, tímida, pero, sobre todo, enamorada. Y lo peor de todo es que de ti. Tú, que no te importa no hablarme porque no me necesitas. Que no te importan esos días en los que nos vemos por pura suerte. Que tampoco te importa si llegas tarde. Tampoco si llueve ni si llevas paragüas. Tampoco si te miro. Tampoco cuando te sonrío, aunque no te lo creas, ¡sí! es a ti. Ni tampoco te importa si yo sigo pensando en mis estupideces, mis tonterías. Todas ellas reinadas por ti. Claro que no te importa nada de esto porque no lo sabes. Sigues encerrado en ella. ¿Pero es que no la ves? ¿No te das cuenta de qué clase de persona es?
Claro que... Si no te das cuenta qué clase de persona es, ¿cómo te vas a dar cuenta de que existo? Y lo mejor de todo, que existo ¿para ti?
Timidez, cobardía. ¿Pero por qué no me dejaron tranquila en una, yo sólo pedía una tarde para dejarlo todo de lado y poder enfrentarme a ti? ¿Por qué? Por más que intentaba luchar contra estos sentimientos, no lo conseguía. Seguía haciendome pequeña y ridícula, y lo peor de todo es que delante de ti. ¿Tú te dabas cuenta de todo esto? Porque si realmente lo sabías, me da vergüenza pensar en todo lo que has visto después de un año. ¿Hace un año ya? Qué va, hace más. Hace más de aquel "si yo vengo ahora a esta clase él tiene que estar, sí, sí..." Y ahí estabas tú. Cuando empezó toda esta estupidez por una estúpida estúpida, que en este caso soy yo. Soy estúpida, tonta, ridícula, cobarde, tímida, pero, sobre todo, enamorada. Y lo peor de todo es que de ti. Tú, que no te importa no hablarme porque no me necesitas. Que no te importan esos días en los que nos vemos por pura suerte. Que tampoco te importa si llegas tarde. Tampoco si llueve ni si llevas paragüas. Tampoco si te miro. Tampoco cuando te sonrío, aunque no te lo creas, ¡sí! es a ti. Ni tampoco te importa si yo sigo pensando en mis estupideces, mis tonterías. Todas ellas reinadas por ti. Claro que no te importa nada de esto porque no lo sabes. Sigues encerrado en ella. ¿Pero es que no la ves? ¿No te das cuenta de qué clase de persona es?
Claro que... Si no te das cuenta qué clase de persona es, ¿cómo te vas a dar cuenta de que existo? Y lo mejor de todo, que existo ¿para ti?
Sigo escribiendo y el esmalte ya se ha secado y no tengo por qué seguir.
Sigo escribiendo y esta vez es por ti.
Claudia♥
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martes, 16 de febrero de 2010
43
Hoy.
Hoy es cuando me he levantado con una sonrisa, por primera vez en varias semanas.
Hoy he querido seguir en la cama unos minutos más para poder aguantar tu recuerdo en mi mente, no quería despertar.
Hoy vuelvo a ponerme nerviosa. Las manos se ponen frías. Tengo una felicidad que no es normal en mí y todo va acorde conmigo a lo largo del día.
Hoy es cuando canto a toda voz, sin importarme los gallos que salga de mi garganta, ni tampoco si alguien me mira con cara de: ¿qué estás haciendo?
Hoy es cuando me he levantado con una sonrisa, por primera vez en varias semanas.
Hoy he querido seguir en la cama unos minutos más para poder aguantar tu recuerdo en mi mente, no quería despertar.
Hoy vuelvo a ponerme nerviosa. Las manos se ponen frías. Tengo una felicidad que no es normal en mí y todo va acorde conmigo a lo largo del día.
Hoy es cuando canto a toda voz, sin importarme los gallos que salga de mi garganta, ni tampoco si alguien me mira con cara de: ¿qué estás haciendo?
Dentro de nada salgo de aquí. Me voy para volver tarde, mucho más tarde. ¡Y pensar que antes la tarde se me hacía pesada! Aún no era consciente de lo que había delante mía. ¡Estabas tú! Tú y tu sonrisa. Tú y todas las cosas que te caracteriza, que te hacen especial. 43 cosas que ahora cuento. 43 que iré contando poco a poco.
¿Pero cómo resumir en una entrada de blogger, tus ojos?
¿Cómo le explico a todo aquel que lea... tú? ¿Cómo te explico?
Si aún así escribo y vuelvo a borrar y otra vez reescribo y otra vez borro porque nada me parece perfecto ni que vaya a tu altura.
Y ahora suelto unas risas, porque lo mejor de todo es que no te conozco todo lo que me gustaría, y nunca me cansaré de repetir eso. ¡No te conozco lo suficiente para que en teoría esté enamorada y aún así soy capaz de llenar todo lo sin escribir que se me presente de ti!
Aunque esto no lo leerás nunca,
¿Pero cómo resumir en una entrada de blogger, tus ojos?
¿Cómo le explico a todo aquel que lea... tú? ¿Cómo te explico?
Si aún así escribo y vuelvo a borrar y otra vez reescribo y otra vez borro porque nada me parece perfecto ni que vaya a tu altura.
Y ahora suelto unas risas, porque lo mejor de todo es que no te conozco todo lo que me gustaría, y nunca me cansaré de repetir eso. ¡No te conozco lo suficiente para que en teoría esté enamorada y aún así soy capaz de llenar todo lo sin escribir que se me presente de ti!
Aunque esto no lo leerás nunca,
¿crees ahora que ella sería capaz de dedicarte los mismos minutos, horas, días que los dedico a pensar en ti?
¿Crees realmente que ella aprecia cada detalle tuyo?
Sí, efectivamente.
Hoy es cuando me sumerjo allí donde más me gusta,
en tus ojos verdes.
Claudia♥
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Claudia,
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Tus ojos verdes de ciencia ficción
sábado, 13 de febrero de 2010
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